Las cortinas son un elemento clave en cualquier hogar u oficina: decoran, aportan privacidad y ayudan a filtrar la luz. Sin embargo, también acumulan polvo, ácaros, olores y suciedad con el paso del tiempo. Limpiarlas correctamente es fundamental, pero hacerlo mal puede provocar encogimientos, decoloración o tejidos dañados.
Desde Limpiezas MAVI, especialistas en limpieza profesional, te explicamos cómo limpiar las cortinas sin estropearlas y mantenerlas como nuevas durante más tiempo.
Lo ideal es limpiar las cortinas:
Cada 6 meses en viviendas.
Cada 3 o 4 meses en oficinas, locales comerciales o casas con mascotas.
Con mayor frecuencia si hay fumadores o alergias al polvo.
Una limpieza regular evita que la suciedad se incruste y alarga la vida útil del tejido.
Antes de limpiar, revisa siempre la etiqueta del fabricante. No todas las cortinas se limpian igual.
Algodón o poliéster: suelen permitir lavado en lavadora.
Lino: delicado, puede encoger.
Visillo: muy fino, requiere cuidado especial.
Terciopelo o seda: limpieza en seco o profesional.
Cortinas técnicas (screen, enrollables): limpieza superficial.
Sacude bien el polvo antes de lavarlas.
Retira anillas y ganchos.
Usa un programa delicado, agua fría o máximo 30 ºC.
Utiliza detergente suave y sin lejía.
Evita centrifugados fuertes.
💡 Consejo de Limpiezas MAVI: introduce las cortinas en una funda o bolsa de lavado para mayor protección.
Ideal para tejidos delicados:
Llena la bañera o un barreño con agua fría.
Añade detergente neutro.
Déjalas en remojo unos minutos.
Frota suavemente, sin retorcer.
Aclara bien.
Recomendada para:
Seda
Terciopelo
Cortinas con forros especiales
En estos casos, lo más seguro es acudir a profesionales para evitar daños irreversibles.
Para mantenimiento regular:
Aspira con un accesorio de cepillo suave.
Usa un vaporizador de mano para eliminar olores y bacterias.
Pasa un paño húmedo con agua y jabón neutro en zonas concretas.
No uses secadora salvo indicación expresa.
Tiéndelas ligeramente húmedas para evitar arrugas.
Cuélgalas directamente en la barra para que se estiren con su propio peso.
Evita el sol directo para prevenir la decoloración.
Usar agua caliente.
Aplicar lejía o productos agresivos.
Centrifugar a altas revoluciones.
Retorcer el tejido para escurrir.
Planchar a temperaturas inadecuadas.